miércoles, 14 de noviembre de 2012

El adiós.

El domingo, nos despertamos y arreglamos. Fue una mañana de chapa y pintura para las chicas, pero una vez maqueadas, nos fuimos. Fue una mañana interesante, he de admitirlo. El banco en que me senté se lleno a rebosar, pero siempre lleno de personas interesantes y en el banco de detrás de mi se sentó Bogdan.

Era la última semana de unas conferencias que estaban tocando mi corazón, y además el final de un fin de semana de reencuentros y acercamientos a nuevas personas. Muchos sentimientos me invadían, hasta que finalmente, con un hermoso testimonio me vi totalmente reflejada y rompí a llorar. Los pocos que conocían verdaderamente mi historia buscaron una mirada cómplice por mi parte. Aquella mañana aun tal vez sin quererlo, había tomado la fuerte decisión de cambiar y dejar a mi novio. Mi vida no me estaba trayendo nada bueno hasta el momento.

El momento de la comida llegó y con él, después las despedidas. El party car no tenía prevista su marcha hasta casi las 4 de la tarde, así que nosotras y unos cuantos más fuimos al centro comercial a sentarnos en unas mesas de madera y pasar allí otro rato de compañerismo. Decidimos colocar las mesas en forma de U de forma que unos quedasen por dentro y otros por fuera. No sé en qué extraño momento me quedé fuera, quedando casi todo el mundo por dentro, y mi cara debió ser un poema, tanto como para que Bogdan se diese cuenta de la situación y decidiese arrastrarse por el suelo, aun a pesar del pantalón y la camisa de traje, para sentarse a mi lado. Ese detalle me impactó mucho a decir verdad. Pasamos un rato hablando, pero el tiempo desapareció y llegó la hora de irnos. Bogdan bajó a despedirse de nosotras e indicarnos por donde salir hacía Madrid.

Se despidió de todas de forma muy efusiva, pero yo sentí que a mi me dio el abrazo más cariñoso de todos. Supongo que tal vez ya me influía el hecho de que algo en mi interior empezaba a despertarse. Nos metimos en el coches pues él también se iba ya y nos llevó hasta la rotonda donde nos desviábamos destino Madrid. En aquella rotonda nos pito a modo de despedida y nosotras también a él, pero no pude verle y me quedé un poco chafada.

Estaba volviendo a Madrid con la sensación de haber pasado un fin de semana espectacular.

No hay comentarios:

Publicar un comentario