Aquella primera llamada marcó un antes y un después en nuestra historia. Algo hacía que no dejase en ningún momento de pensar en él y desear el momento en que nos llamásemos para mantener nuestras largas e interesantes conversaciones nocturnas. Recuerdo bien como dejó entrever que si tanto me llamaba era por que sentía un cierto interés en mí y yo le hice ver lo mismo. Algo estaba surgiendo, pero seguí habiendo un gran problema, seguía teniendo novio... Claramente, mi intención era dejarle, y dejarle esa semana. Ya no sentía que nada me atase a él. Las conversaciones nocturnas con Bogdan se habían convertido también en conversaciones a media tarde y alguna que otra conversación de mañana.
Cuando regresé de Toledo, el que por entonces era mi novio no se había dignado a penas en tan siquiera preguntarme que tal lo había pasado. El domingo no tuve noticias suyas más allá de ese toque al móvil que creo que ni tan siquiera conteste. El lunes, o el martes, no recuerdo bien cuando, de pronto me llegó un privado al tuenti. Era de él, pidiéndome quedar en esa semana, así que lo hablamos para quedar el jueves. El miércoles de aquella semana, por la noche, yo estaba super nerviosa. Bogdan me llamo, como cada noche a lo largo de aquella semana, y ese día aun más en especial me dio ánimo y un pequeño consejo. Bueno, no se si decir que era un consejo, o sólo algo para darme fuerza para el jueves, pero a mi me gustó. Me dijo que me pintase algo en la mano. Al fin y al cabo, iba a ser un día raro. Iba a cortar con mi por aquel entonces novio, y la persona que me empezaba a gustar me estaba animando a hacerlo. Tenía una pequeña gran mezcla de sentimientos en mi interior, pero su explicación era que así, mientras cortaba con mi novio, podía mirar el dibujo en la mano, y sentir que él estaba a mi lado, dándome todo su apoyo.
El jueves por la mañana me sentía demasiado mal, aunque aun así me pinté en la mano izquierda una estrella azul. Recuerdo que a medio día preparé la trama para que pareciese que quedaba con una amiga, y le hice que me llamase a casa para quedar, aunque en realidad, ella y yo sabíamos que iba a quedar con otra persona, pero así me ahorraba el dar explicaciones. Poco después de arreglar esto, Bogdan me llamó para saber que tal estaba, y cómo me encontraba. Obviamente, mis nervios se apoderaban de mi a cada instante que se acercaba la hora, pero aún así, llegado el momento, me vestí con lo primero que pillé del armario y me fui de casa.
Cuando llegué a la estación de renfe, llegué tarde por supuesto, y con esa sensación de nerviosismo, pero medio alivio, sintiendo que él venía también para hacer lo mismo. No sabía que hacer, como actuar, nada....
Llegué, nos dimos un pico frío como el hielo y fuimos caminando al parque de detrás de la estación. Allí, nos sentamos en un banco. El silencio podía cortarse con cuchillo, pero finalmente él comenzó a hablar. Por una parte me invadió la tristeza y por otra parte el alivio. Venía a hacer lo mismo que yo. Estuvimos hablando y acordamos que de nada servía sacar a estas alturas los trapos sucios y que nos conformásemos en que no habíamos hecho las cosas bien, que él no había sido lo que yo esperaba y él tampoco lo que yo esperaba. Pasamos una tarde agradable, hablando de todo un poco, nos dimos un beso de despedida, y nos fuimos cada cuál a su casa. Todo había terminado bien, de forma agradable y podíamos seguir siendo amigos.
De regreso a mi casa llamé a Bogdan para contarle todo lo que había pasado. Por un lado, se alegro y por otro también. Se alegró de que todo hubiese ido tan bien, y en el fondo también se alegro de que ya no tuviese novio, sobre todo porque llevábamos toda la semana planificando ir a cenar a su casa el viernes y era una oportunidad de vernos, más aún después de dejar claro que nos interesábamos como persona, pero la historia del viernes, ya os la contaré en otro momento. Ahora solo queda resaltar que ya era totalmente soltera de nuevo.
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